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Nunca me esquiva la mirada. Conoce posiblemente más de mí que muchas personas. Cada vez que llego a casa me recibe con la misma indiferencia que me regresa los pies a la Tierra. Ella me ayuda a recordar quién soy.

Masha llegó a mi vida en plena pandemia. Hasta ese momento, siempre me había mostrado distante con los felinos, pero de un momento a otro, pensé que una gata sería una compañera ideal para nuestro Pastor Alemán de más de 35 kilos. Mi esposa, como siempre, se unió a mi travesura. Sin investigar mucho, teníamos a una gatita de meses de nacida en casa. Rocco al inicio se mostró bastante ansioso, ya era un perro adulto de dos años que empezaba a mostrar cierto rechazo a toparse con otros perros en el vecindario. Era algo territorial y lo sabíamos. No fue fácil al inicio, tomó tiempo que Masha y Rocco se hicieran amigos. Y no lo voy a negar, por un momento Tefa y yo pensamos que fue la peor idea de nuestras vidas; pero Masha nunca se amilanó ante Rocco, no le tuvo miedo y desde un inicio, le paró el macho como se dice. Masha era una exploradora nata y una valiente felina, que no se dejaría intimidar por ningún grandulón. A las semanas Rocco y Masha ya eran inseparables. Y es ahí cuando Tefa y yo nos dimos cuenta por primera vez, que a veces algo que puede parecer una idea fatal, termina siendo un resultado maravilloso ante todo pronóstico. No siempre sucede; pero a la vida le gusta sorprender.

Masha tiene ya cuatro años y nos ha acompañado a dos mudanzas. No podría asegurar que el lugar en el que vivo ahora sea para siempre, pero todo indica a que nos quedaremos un buen tiempo. Estamos todos muy a gusto. Pero la reflexión más importante es cómo el tiempo ha ido forjando una rutina familiar que nos funciona a todos. Tefa, Rocco, Masha y yo. Los cuatro. Todas las decisiones del hogar las tomamos en base a la comodidad de todos. Las mascotas son como hijos, de cierta forma me compro esa idea. Pero más que eso, son los mejores compañeros que se pueden tener. Y les aseguro, la relación entre un perro y un gato puede ser hermosa si se les tiene paciencia y dedicación. El resultado no tiene precio. Igual no es que sea un experto, pero si te animas a intentarlo, lo mejor es que el gato sea cachorro para que no tenga mayor estímulo ante un perro (que no le tenga miedo de por sí o haya construido una mala experiencia previa). Pero lo más importante, que ambos sean de buen carácter. Uno sabe en el fondo de qué pie cojea su mascota. Es importante no engañarse.

Pero bueno, volviendo a Masha: es mi reina luna. Por alguna razón siempre que pienso en ella se me viene a la mente la letra de Gatos de Bronce del gran Daniel F: «Tiene el sonido del viento en sus manos. Tiene el secreto del mundo al revés. Tiene las palabras exactas una y otra vez». La capacitad que tiene para detectar mis emociones, es increíble. Cuando tengo un mal día: ella aparece. Se echa en mi pecho y me reconforta. Es como si supiera cómo llenarme de energías positivas. No lo hace siempre, que es lo más interesante: sabe cuándo realmente la necesito a mi lado. Es como esos amigos que no siempre están pendientes de ti, pero cuando tienes un problema, son los primeros en llegar.

Puede sonar algo tonto lo que voy a decir, pero un gato no es un perro. Es que es importante que entendamos que tienen comportamientos y formas muy distintas. Esperar de uno algo impropio de su especie, sería un gran error de expectativas al momento de elegir una mascota. Masha es bien independiente y no siempre está dispuesta a recibir arrumacos, pero como ya lo mencioné: está cuando es necesaria. Y aunque Rocco sigue siendo mi mejor amigo, ese compañero incondicional que le dice sí a cualquier plan; Masha no es que tenga un segundo lugar, es solamente una forma distinta de amistad que cada día aprendo a valorar más. No podría imaginar ahora mis días sin ninguno. Nuevamente, sostengo, un animal te cambia la vida. Masha me hizo también mejor persona, más responsable y, sobre todo, me ha ayudado a ser más empático y disfrutar de los momentos de calma. Masha me ha enseñado que no todos los instantes de felicidad vienen con algarabía. Tener unos minutos para tomar el sol en el balcón, en silencio, sin agregar algo más: es un buen ejemplo de momento feliz, en calma. En paz.

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2 respuestas

    1. Me pasó tal cual. Mi gatita Masha me cambió todos los conceptos previos que tenía sobre los felinos. Es una gran compañera. Un abrazo.

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