Puedes leer el primer capítulo aquí: De Todos Los Canallas, Soy El Mejor – Capítulo I
—Se terminó todo, respira, aprovecha tus últimos instantes —me dijo con entusiasmo, disfrutando de mi dolor. Me estaba muriendo en un mar de sangre y confusión, sin entender por qué me había disparado en el pecho.
El día de su muerte
No podía pensar en otra cosa que no sea su piel. Habíamos acordado que hoy pasaríamos nuestra primera noche juntos; solo era cuestión de horas para ir al hotel, pero no podía concentrarme en lo que me decía. Miraba sus labios y deseaba besarla.
—¿Cuál es tu mayor temor?
—¿Perdón? —le respondí, quitando mi mirada de su escote.
—Sabía que ibas a estar así todo el día. Me he puesto algo sexy, sí, vamos a ir de todas maneras, sí; pero ahorita estoy disfrutando de un café contigo.
—Perdón, amor, tengo la cabeza en otro lado…no en otro lado, en otra parte de ti, que no son precisamente tus ojos, pero igual son par —respondí con una pícara sonrisa—. Bueno, ya enserio. ¿Qué me habías preguntado?
—¿Cuál es tu mayor temor? —me volvió a preguntar Camila, con la misma entonación de suspenso.
—No pasar esta noche contigo —contesté de golpe, sin pensarlo mucho.
—Tonto…
—Perdón amor, sabes que siempre me gusta responder tus preguntas. Solo estoy nervioso, es una noche importante. ¿Cuál es tu mayor temor? —le regresé la interrogante, intentando seguirle el juego con la misma energía. Camila es muy imaginativa, siempre le gusta hacer preguntas curiosas, que, en la mayoría de los casos, dan pie a conversaciones muy interesantes.
—Morir como en una película de terror, apuñalada —respondió Camila con un gesto sombrío, entre broma y seriedad, intentando darle emoción a su respuesta.
Dos horas antes
—Nos vemos en el hotel a las doce, ¿está bien?
—Está bien, en un rato salgo para allá —le respondí a Verónica, intentando no demostrarle mi nerviosismo, fumando un cigarrillo en mi habitación.
—¿Pasa algo? —me preguntó con su característica parquedad, como si estuviera susurrando.
—Nada Vero…es solo que…
—¿Es solo qué cosa, Javier? —indagó con desgano y bastante mortificada.
—¿Cuál es tu mayor temor?
Una semana atrás
Desperté sobresaltado, sudando, gritando su nombre. Me tomó tiempo calmarme, darme cuenta de que había sido solo un sueño. Estaba mirándome, sin decirme nada. Camila me sonreí con un gesto tétrico en mi sueño, como si su sonrisa se hubiera congelado. Cada paso que daba hacia ella sentía cómo el aire se hacía más escaso. Seguía sonriéndome con malicia, hasta que finalmente, sacó un cuchillo y se cortó la garganta frente a mí.
—¡Hijo qué pasó! —exclamó mi madre preocupada, que había venido corriendo a mi habitación. Mis gritos la habían despertado.
—Nada…fue solo una pesadilla —le respondí con parquedad.
—¿Otra vez soñaste con ella? —Mi mamá prendió la luz de la habitación y se sentó al filo de mi cama—. No sé que pretendes lograr con Verónica, pero seguir profundizando en esto, te está consumiendo, hijo.
—Quizá sea lo que merezco…acabar loco.
—No seas tonto, ella no hubiera querido eso para ti —refutó mi madre, frunciendo el ceño.
—Ese es el problema, mamá, ya no estoy seguro de qué hubiera querido ella para mí. Ya no estoy seguro de quién era realmente Camila.
Las doce
Subí a la habitación reservada. No era muy cómodo juntarme con Verónica a conversar en un cuarto de hotel, pero no le puse peros a su cita. La habitación estaba oscura, así que cerré la puerta y encendí la luz, pensando que Verónica aún no había llegado. Pero entre que la luz se encendía, un destello en mi delante, me dejó ver a una persona parada a unos pasos de mí. Me disparó en el pecho. Su arma tenía silenciador, fue tan solo un silbido agudo, casi imperceptible, antes de sentir el impacto. Alcé la mirada, aún sostenía el arma, apuntándome. Llevaba una capucha, un pantalón y una máscara clásica de fantasma de color negro, que me permitía verle parte del rostro.
—Hola, amor. Me da gusto saludarte —me dijo con malicia. Reconocía su voz, era Camila.
Toqué mi pecho, sangraba, veía todo en cámara lenta. Sentía cómo el frío iba congelando mis fuerzas con extrema rapidez. Estaba a punto de caer inconsciente, pero mi deseo de saber la verdad me aferraba, me mantenía de pie, aunque tambaleante. ¿Era realmente ella? ¿Por qué Camila fingiría su muerte? ¿Por qué querría matarme?
2 respuestas
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