Ella no es mi madre – Capítulo II

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Puedes leer el primer capítulo aquí: Ella no es mi madre – Capítulo I


—¿Quién eres? —le pregunté con temor, sin poder ponerme de pie. Tenía las piernas congeladas y no podía dejar de mirarla.

—¿Qué pregunta es esa, Arthur? Soy tu madre —contestó con una sonrisa que parecida pegada a su rostro. Sus ojos habían tomado un color negro intenso, como si la pupila se hubiese comido el iris.

Miré las manos de mi madre, llevaba un cuchillo con ella. No me había percatado en qué momento lo había cogido, pero lo agarraba con tanta fuerza que empezaba a sangrar.

—¿Vas a matarme?

Empezó a reírse con demencia, su voz había cambiado, tomando una tonalidad más gruesa, como si la estuviese impostando. Se burlaba de mí, disfrutaba verme horrorizado.

Lorena

—Vamos, Lore, ella te necesita, no puedes dejarla sola. Mamá tiene sus cosas, pero es nuestra responsabilidad cuidarla —le dije a mi hermana mientras conducía de regreso a casa. Había atendido la llamada por bluetooth, así que podía hablar cómodo. El camino era bastante largo.

—No lo entiendes, Arthur, ha empeorado. No me siento segura con ella aquí. No sé cómo decirlo, pero es como si luchara con ella misma para no hacerme daño.

—Si te refieres a lo que pasó, fue hace mucho…

—Intentó matarme, si no hubieses llegado a tiempo, me hubiera apuñalado y no se lo hemos dicho a nadie; solo olvidamos ese episodio, hicimos como si nunca hubiera pasado. Pero nos equivocamos, Arthur, mamá tiene algo…a veces pienso que…

—¿Qué piensas, Lore? Dilo, dilo de una vez —la presioné, esperando que tenga el valor de decir lo que mi boca no podía pronunciar.

—Hay algo dentro de ella, Arthur, algo maligno. No siempre puede contenerlo. Voy a irme hoy mismo. Lo siento, tendrás que hacerte cargo ahora tú de ella. Desde que te fuiste de la casa, todo ha sido un infierno y ya no puedo más. Me voy a volver loca si sigo soportando esa perversa sonrisa, esa mirada macabra que me hace sentir como si en cualquier momento me fuese a destripar —lloró Lorena, para luego colgar el teléfono. Había tomado una decisión, y aunque no me convenía en lo absoluto, sabía que mi hermana estaba haciendo lo correcto en dejar a mamá.

Baasa

Fue inevitable que venga a mi mente la conversación que tuve con mi hermana. Debí hacerle caso, fui un tonto al pensar que todo se solucionaría. Mi madre se paró del sofá gritando antes de que yo pudiera reaccionar y me apuñaló repetidas veces en el pecho. La miré a los ojos, tenía un gesto de alegría endemoniado, como si atacarme fuese tan solo una travesura, algo para celebrarse.

—¿Por qué, mamá? —alcancé a balbucear con dificultad, viendo borroso y sin fuerzas, una vez que paró de atacarme.

—Mi nombre es Baasa —respondió mi madre con una sonrisa que parecía que jamás desaparecía de su rostro.

Había dejado mi celular a un lado del sofá; empezó a sonar: era mi hermana. Cerré los ojos lentamente. Baasa era el nombre de mi abuela.


Puedes leer el tercer capítulo aquí: Ella no es mi madre – Capítulo III

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