No podría realmente identificar el punto de quiebre. Lo he intentado; me he culpado, he buscado culpables, pero nada de eso ha funcionado. La amistad es un proceso muy curioso, supuestamente son esas personas que logran conocerte incluso mejor que uno mismo. ¿Y si no es el caso? Si en algún punto te sientes como si fueran solamente extraños con recuerdos, con fragmentos de lo que quisiste ser o fuiste algún día, ¿qué puedes hacer? Pienso que una amistad verdadera es aquella que acepta la nueva versión de ti, no una que usa tu pasado en contra, alerta como un buitre para señalar cualquier error que cometas, picoteándote como un ave carroña mientras aún estás agonizante.
El primer paso para sanar es aceptar la responsabilidad, siempre he escuchado eso y lo comparto. Pero sanar no necesariamente implica vivir sin cicatrices. “¡Así somos nosotros!” será la primera línea de defensa, alguno seguramente te responderá algo parecido. ¿Y si hemos cambiado? ¿Y si queremos cambiar? Es un error pensar que somos los mismos, el tiempo nos afecta para bien o para mal. Sostener una relación por un largo periodo, sea de romance o amistad, es algo que muy pocas personas logran, independientemente de sus valores o virtudes. Es algo más de química, de suerte, o quizás, simplemente: el destino.
A lo largo de mi vida me he acercado mucho a algunas personas, pero me he alejado de otras (creo que a todos nos ha pasado). Simplemente, un buen día me dejaron de dar risa sus chistes; los empecé a sentir como ataques, sus pensamientos me retumbaron en la cabeza como si se tratasen de ideas diabólicas. Se fue el amor y no me di cuenta, si lo queremos decir de ese modo. No creo que les haya fallado, ni ellos a mí (lo vuelvo a señalar). Simplemente, no estuvimos atentos para cuando comenzamos a hacernos daño, y el orgullo fue más fuerte como para admitirlo. No todo tiene arreglo. Es así y hay que saber usar bien los signos de puntuación en las historias: no podemos abusar del uso de la coma. Es necesario el punto y aparte.
No tienes por qué llevarte bien con todos. No sé si sea el caso de alguno que lea el texto, pero a mí sí me ha pasado que he intentado quedar bien a la fuerza muchas veces. No me da pena admitir que querer sentirme aceptado ha sido parte fundamental de mi adolescencia y primeros años de adultez. Pero finalmente es un desenlace vacío. Mientras vamos avanzando en la vida y madurando, nos vamos dando cuenta de que vale la pena quedar mal de vez en cuando si es el camino que nos hace feliz. Hay personas en nuestra vida de las que nos iremos separando, y es algo totalmente normal. Van quedando los que deben quedar, aunque suene redundante, así es. Mientras pasan los años y las canas van saliendo, son pocos a los que puedes llamar amigos.
No busco con este texto hablar de una persona en específico, ni mucho menos hacer reflexionar a alguien en especial o llamar su atención; lo que sí busco es brindarte una mano, un apoyo si lees esto y justamente te está pasando que te sientes algo distante de algún grupo de amigos con los que solías sentirte seguro. No tengas miedo de cambiar, de buscar nuevas amistades. No eres el mismo de hace un año siquiera. Todos cambiamos y merecemos encontrarnos a nosotros mismos constantemente, así que, si eso significa dejar de frecuentar a personas que, en el presente, nos hacen daño sin querer: con algún comentario negativo, alguna broma imprecisa o simplemente al demostrar poca empatía y ganas de abrazar la versión que somos ahora, pues ni modo, y adelante. Eres el protagonista de tu historia, aunque suene egocéntrico. El éxito no solo va a llegar por tu esfuerzo, sino también por la energía emocional que tengas y para eso, créeme, rodearte de personas que te sumen es fundamental. Tampoco sugiero que los amigos deban aguantar todo como si fueran un maniquí y sonreírle a cada idea loca que tengas; pero mientras la idea sea sana y de buen juicio, intentar apoyarte con buena energía no cuesta mucho. Reírse está bien, pero llegar al momento amargo en el que burlarse de alguien, por más ‘amistoso’ que sea, va quitando las ganas de contarles tus ideas, planes o dudas, es tóxico, aunque a algunos les cueste verlo de esa manera.
Muchas veces quise negarme la oportunidad de sentir las emociones que realmente me nacían. Duele separarse o tomar distancia. Las explicaciones están de más. No todos tienen por qué comprender lo que sientes, no lo busques; pero no por eso debes privarte de lo que tienes en mente. El detonante para mí fue cuando me pasó algo bueno, quise contarlo, pero me vi borrando el mensaje a ese grupo de amigos una y otra vez, editando el contenido sin mandarlo. Algo se había roto. Vuelvo al inicio: no hay reclamos ni culpables. Simplemente aceptar eso y pasar la página, sin conversaciones incómodas ni reclamos. Las personas que te quieren siempre estarán contigo y de manera orgánica. El amor, como la verdadera amistad, son muy parecidos. Las ganas de compartir y de comprender al otro simplemente nacen. Si tienes un amigo que tenga esa energía contigo, devuélvele lo mismo. Pero no te gastes con personas que te regalarán una cachetada luego de recibir un abrazo tuyo. La vida es muy corta como para invertir tu tiempo en personas que no tienen interés en valorarte.
2 respuestas
Simplemente genial! Muy preciso
Muchas gracias Víctor! Un fuerte abrazo.