Puedes leer el primer capítulo aquí: No abras la puerta – Capítulo I
Alejandro quitó la cadena que le había puesto a la puerta de su habitación, dudó, pero finalmente la abrió. Retrocedió lentamente, alejándose lo más que pudo de la puerta. Su corazón latió con fuerza al toparse con esos ojos purpúreos que brillaban con macabra intensidad. Los segundos pasaron y la bestia seguía parada exactamente en el marco de la habitación, como una estatua, mirándolo fijamente sin hacer ningún movimiento. Su esposa se había transformado en un ser monstruoso de casi dos metros, conservando aún algunas de sus facciones en el rostro; como también la tonalidad rojo fuego de sus cabellos. Tenía la piel grisácea y escamosa, las orejas largas y puntiagudas. Llevaba fragmentos de ropa rasgada en el cuerpo, que no se habían terminado de romper al adoptar su nueva forma. Sus pies y manos de dedos alargados tenían garras afiladas, y sus dientes como guillotinas, no dejaban duda de que podría despedazar sin problemas a cualquiera que se le ponga en el camino.
—Hazte a un lado. Solo tengo hasta la salida del sol para alimentarme. Si lo haces más difícil, aunque Vera me odie más de lo que ya lo hace, tendré que alimentarme de ti —precisó la criatura con calma, intentando sonar razonable a pesar de su puntual amenaza.
—No soy tan tonto como crees. Si sigues ahí parada es porque eres tan caprichosa que me has elegido a mí. A pesar de que te he abierto la puerta, requieres mi permiso. ¿Cazador? Eres un buitre que se alimenta de la debilidad y miedo de sus víctimas. Faltas a tus propias reglas. Tu última cacería fue una niña, tienes tanto miedo que acomodas a tu antojo lo que es un combate justo. Ahora cumple tu promesa si es que quieres que te deje avanzar —espetó Alejandro con valentía, sosteniendo con tanta fuerza el cuchillo, que su mano derecha empezó a sangrar.
—Mi vida y la de Vera están unidas. Jamás dejaría que algo le pase. Ambas viviremos hasta su último suspiro. Pero si fallo la cacería, tendré que dejar a mi huésped. El error es mi condena, volvería a ser esclavizada en mi mundo. Por eso y por la estúpida moral de Vera, que siempre intenta contenerme, no puedo luchar como quisiera. A veces el tiempo está en mi contra y debo alimentarme de lo que pueda. Pero vamos, no creas que es tan sencillo como dejarme encerrada. Pude haber roto la puerta en cualquier momento. Si sigo aquí parada es porque no quiero que me veas de cerca, en el fondo, gracias a tu noviecita, una parte de mi siente vergüenza ante ti. Ahora, gracias a tu necedad de hacerme perder el tiempo, lo único que vas a lograr es que deba cazar lo más sencillo que encuentre ¿Otro niño tal vez? ¿Eso es lo que quieres? ¿Ese es el final que has pensado para tu historia? —reflexionó la bestia, parada aún en las sombras, alumbrada apenas del rostro por la luz lateral del pasillo.
—Si logro retenerte lo suficiente para que no te alimentes esta noche, te irás del cuerpo de Vera, tú misma lo has dicho. Así muera contigo, pelearé hasta que el sol salga. Por eso te he abierto la puerta. Si seguía pasando el tiempo, tu hambre haría que te liberes como la bestia que eres y huyas sin control. En el fondo sé que quieres que sea yo, que Vera deje de pensar en mí, en el amor que nos tenemos. Así que tienes mi permiso, puedes salir de las sombras y venir por mí. —Alejandro se puso en guardia, empezó a respirar con celeridad, sosteniendo el cuchillo con firmeza, decidido a luchar—. Ven por mí y acabamos con esto de una vez. Sé fiel a tus leyes y pelea con dignidad.
La criatura apretó los puños, suspiró y empezó a llorar, regalándole a Alejandro un semblante de pena, casi incompatible con sus aberrantes facciones. Sus ojos saltones parecían como si fuesen a salirse de su rostro, era un gesto aterrador, pero a la vez de paz, como si Vera y la bestia, lo estuvieran mirando al mismo tiempo.
—Si dañas mi cuerpo lo suficiente, Vera también morirá. Faltan horas para que se ponga el sol, la única forma de que ganes es que encuentres el equilibrio perfecto entre lastimarme y mantenerme con vida, reducirme casi hasta dejarme sin fuerzas para escapar. En todas mis vidas nunca me había cruzado con alguien como tú, dispuesto a perderlo todo. Eres un muerto que aún sostiene una espada, eso te hace peligroso, no bajarás la guardia. Estás decidido a morir o a matar, a que esta sea tu última noche. Ahora entiendo por qué Vera te ama tanto. Y ahora Vera, entiende mi odio hacia ti —exclamó la criatura sin despegarle la mirada a Alejandro. No había necesidad de interpretar la furia que ahora trasmitían sus ojos. Era evidente que ya no seguiría quieta.
Alejandro contuvo la respiración al ver cómo la criatura se lanzaba hacia él, liberando sus alas para embestirlo. Aunque fue cuestión de segundos, podía verla llegar casi en cámara lenta, como si todo se hubiera congelado por un instante. Las lágrimas rodaban por las mejillas de ambos. No se rendirían hasta que solo uno quede con vida.
El sol golpeaba con fuerza por la ventana del balcón de la sala. Las manos llenas de sangre le temblaban. Había conseguido ponerse de pie luego de varios intentos. Abrió el primer cajón del mueble de caoba del pasadizo y sacó un álbum de fotos. Pasó las páginas lentamente hasta detenerse en la foto del baile de su boda. Alejandro llevaba un terno azul claro y Vera, un vestido blanco con una falda de color esmeralda, ambos brillaban en una mirada cómplice de amor. Gotas de sangre y rocío, empezaron a caer sobre la imagen.
2 respuestas
Muy lindo esta historia pero como q le faltó algo más 🥰🥰
Muchas gracias Yoser. Un gran saludo y gracias nuevamente por el feedback.