Puedes leer el segundo capítulo aquí: Tengo algo que decirte – Capítulo II
—Vine para decirte adiós —disparé primero, pensando que así ganaría la batalla.
Johanna me miró de pies a cabeza, soltó una sonrisa maliciosa y se acercó a mí, rosando sus labios con los míos.
—Pedro puede creerse tu cuento, pero yo no. Ya perdí a un amigo, no pienso ahora perder a Priscila por ti.
Esquivé la intención de beso de Johanna y retrocedí unos pasos. Estábamos los dos solos en su departamento, donde tantas veces habíamos incendiado la cama de pasión.
—¿Priscila?
—Estoy saliendo con alguien…
Johanna empezó a burlarse a carcajadas, como si le hubiera contado el chiste más hilarante que pudiese existir.
—No sé qué tiene de gracioso. Yo estaba enamorado de ti, Johanna. Me hiciste daño. No solo traicionaste a Pedro, también a mí esa noche. Te acobardaste. Fui un estúpido. En el fondo, pensaba que sentías algo por mí.
Johanna se puso seria y volvió acercarse a mí, lo suficiente para sentir su aliento a frutilla, envolvente y seductor.
—No podría jamás enamorarme de ti. Pero coges bien, ese punto tengo que dártelo.
—¿Por qué no podrías enamorarte de mí? —pregunté sin mirarla, intentando ocultarle que me dolían sus palabras.
—No tienes nada. Más de treinta, vives en un cuarto alquilado donde no entras ni tú. No tienes auto, ni aspiraciones. Cada vez que salías con Pedro, él te ponía las cervezas. Sí, eres bueno, pero la bondad no basta, Luciano. La pobre Priscila se aburrirá de ti cuando vea que, para invitarle un café, posiblemente has tenido que ahorrar un mes o vender alguno de esos juguetitos de superhéroes estúpidos que coleccionas.
Tragué saliva, los ojos se me humedecieron. Quería llorar, pero no iba a darle el gusto. Tenía un plan y lo iba a culminar.
—No amas a Pedro. Posiblemente no amas a nadie.
—Pedro es algo cómodo. Me da estabilidad, y de comento, mientras me siga tratando como me gusta, puedo bancármelo.
Sonreí con tristeza, mientras mi intento de contener las lágrimas había fallado. Empezaron a resbalar por mis mejillas.
—Es una pena todo lo que dices. Realmente eres un ser monstruoso. Discúlpame, pero he buscado el mejor calificativo para alguien que no merece ninguna delicadeza. Sobre Pedro…creo que tendrás algunas cosas que aclarar con él, le hice una llamada antes de entrar, ha estado escuchando todo.
Johanna me miró sorprendida, quiso balbucear algo, pero no le di mayor importancia. Dejé que ladrara todos los improperios existentes mientras me iba de su casa, poniéndole un punto final a nuestra historia.
Un café más
—Hola Priscila, hice lo que te conté. No pasó nada entre Johanna y yo. Lamento haber interrumpido nuestra cita, pero era necesario para mí acabar con esto.
Hubo silencio de parte de ella. Merecía que no me vuelva a contestar, sin embargo, atendió mi llamada. Había sido totalmente sincero, eso tenía que ayudarme de alguna forma.
—No me gustó lo que hiciste, estaba muy ilusionada en verte hoy…
—Tampoco estoy en mi mejor momento, cada vez que salimos juntos, realmente hago malabares para poder invitarte algo. He estado sin trabajo ya varios meses; aunque espero se solucione pronto, he postulado a varias ofertas —la interrumpí para vomitarle todas mis inseguridades.
—No sé por qué me dices esto, no le encuentro sentido. Además, no tienes por qué invitar tú siempre.
—Perdón, Priscila, hablar con Johanna me ha sacado de cuadro, me ha desequilibrado —respondí, luego de un suspiro, sin poder contener la tristeza que me aturdía.
—Aún no es tan tarde… ¿Y si vamos por un café? Pero ahora sí no te escapes, por favor.
—¿De verdad? ¡Claro! Si de verdad quieres salir conmigo ahora, me encantaría.
—Bueno, pasa por mi casa. O quizá podemos tomarnos el café aquí, ver una película, de esas de terror que te gustan. Ven y conversemos. Pero apúrate, no hagas que me arrepienta.
—Voy enseguida. Un beso.
Colgamos. Sentí paz luego de mucho tiempo. Miré al cielo, era de noche y me pareció ver una estrella brillar. Sonreí y empecé a caminar rumbo a la casa de Priscila.
Puedes leer el primer capítulo aquí: Tengo algo que decirte – Capítulo I